A la comunidad Jesuita ,educativa y a las familias del Colegio de la Inmaculada Concepción.
Quisiera transmitir algunos conceptos a los que tanto trabajo han realizado para concretar esta ayuda humanitaria.
Un hecho vale más que 100 palabras, frase siempre dicha, pero pocas veces ejecutada. El colegio se puso al frente ayudando, si, pero sobre todo dando un ejemplo educativo, cual es, el de enseñar a sus jóvenes que el esfuerzo personal es el que verdaderamente llega, no la proclamación del deseo, la acción concreta, no el discurso mediocre. Seguramente las algo más de 36 casas que el fin de semana ayudó a construir el colegio, no aplacan la necesidad de un país. Sin embargo si se puede asegurar que ayudó y mucho a la madurez de los que aceptaron el esfuerzo del trabajo duro pero gratificante. Los jóvenes son la joya de la vida, y ustedes , en el colegio trabajan con esas joyas. Mentira es que la juventud no tiene ideales o que vive lejos de la realidad. Eso será para los necios que aprovechan los medios y hacen sus propios negocios. Lo que pueden transmitir ellos, los jóvenes, es tan grande como lo que una gran empresa puede construir con todo su aparato económico. La sonrisa, la alegría, la fuerza y la transmisión de valores son talentos que debemos transmitir, obligadamente, los que hemos podido recibir una educación que lamentablemente no es para todos. Si así lo entendemos, pues entonces, nos resta entregar algo de todo lo recibido, distribuir y ayudar.
Por eso felicito al colegio poniéndose al frente con dedicación de sus integrantes y destinando recursos económicos que bien podrían tener otros destinos, un viaje, alguna construcción o algo placentero. Pero se pensó en la ayuda a una institución increíblemente bien organizada como es " Un techo para mi País" o "Un techo para Chile". Se dispuso para ello lo mejor de su producto: Los alumnos, sus docentes. Pude compartir con ellos una semana de trabajo, de emociones encontradas con la gente del lugar, acaparar la juventud de sus dichos e incansable trajinar y sobre todo valorar la capacidad de entrega, de desprenderse de la comodidad de cada uno para entregar todo lo que cada uno tiene como particular. De lo que como grupo viví, en ninguno de ellos encontré un ápice de apatía o cansancio. Es más el cansancio era ofrecido, aceptado y valorado.
Una vez más, reitero, tenemos lo mejor de la vida, la juventud que trabaja, estudia, se divierte, llora de emoción y espera un futuro. No le digamos que no existe ese futuro. Hagamos que quieran la vida , que crezcan en ella y devuelvan a la vida sus sueños.
Por eso felicito al colegio poniéndose al frente con dedicación de sus integrantes y destinando recursos económicos que bien podrían tener otros destinos, un viaje, alguna construcción o algo placentero. Pero se pensó en la ayuda a una institución increíblemente bien organizada como es " Un techo para mi País" o "Un techo para Chile". Se dispuso para ello lo mejor de su producto: Los alumnos, sus docentes. Pude compartir con ellos una semana de trabajo, de emociones encontradas con la gente del lugar, acaparar la juventud de sus dichos e incansable trajinar y sobre todo valorar la capacidad de entrega, de desprenderse de la comodidad de cada uno para entregar todo lo que cada uno tiene como particular. De lo que como grupo viví, en ninguno de ellos encontré un ápice de apatía o cansancio. Es más el cansancio era ofrecido, aceptado y valorado.
Una vez más, reitero, tenemos lo mejor de la vida, la juventud que trabaja, estudia, se divierte, llora de emoción y espera un futuro. No le digamos que no existe ese futuro. Hagamos que quieran la vida , que crezcan en ella y devuelvan a la vida sus sueños.
Con mucho afecto:
Pascual Gagneten (*)
Pascual Gagneten (*)
(*) Padre de un alumno del Colegio que acompañó junto a dos docentes al grupo que viajó a Chile












